Las últimas aportaciones de la neurología al ámbito educativo están arrojando luz al proceso de aprendizaje del alumnado, provocando que toda la comunidad educativa, de una manera u otra, se encuentre inmersa en un momento de  cambio significativo. Tanto es así, que estos alumbramientos neuroeducativos han llegado, afortunadamente, hasta las necesidades educativas, como ayuda de profesionales, familias y alumnos; incluyendo al Trastorno por Déficit de Atención.

Hasta hace relativamente poco, el trastorno se definía y se comprendía desde las consecuencias y no por sus causas, lo que conllevaba que las “recetas” psicoeducativas fueran dirigidas a reducir en lo posible los efectos, y no a buscar el motivo real de los comportamientos y actitudes para mejorarlos.

Actualmente sabemos que el T.D.A.H. es un trastorno neurobiológico complejo que afecta a diferentes áreas cerebrales; que parece existir un retraso madurativo de dos a tres años y que, a nivel químico, presenta un déficit de noradrenalina y de dopamina. Es un trastorno que se define por la falta de control de impulsos, de atención sostenida y de memoria de trabajo, en definitiva, de la inhibición de la conducta y de las funciones ejecutivas (miopía temporal, falta de organización, confusión con las instrucciones, poca voz interna…); aspectos claves en el rendimiento académico.

También sabemos que nuestro cerebro presenta una gran plasticidad a lo largo de nuestra vida, lo que nos permite modificar y mejorar nuestras conductas, y que la maduración cerebral mejora considerablemente el rendimiento. Por todo ello, desde los diferentes ámbitos que hay que trabajar: escolar, psicosocial y familiar, las recomendaciones pasan por dotar a nuestro alumnado de herramientas que les sirva de apoyo para superar estas dificultades.

Así, y en nuestra experiencia, hemos comprobado que el uso de organizadores visuales (organización), planificadores (miopía temporal), esquemas, mapas de conceptos y mapas visuales (atención sostenida y memoria de trabajo), estrategias basados en aprender a aprender (voz interna) y muchas otras ayudan y mejoran no sólo el aprendizaje, sino también la autoestima del alumno, normalmente desmotivado y cansado, favoreciendo su autoconcepto y confianza, mermada en ocasiones por nuestro sistema educativo.

Estamos en un momento de cambio en el paradigma educativo, aprovechémoslo para integrar y potenciar a todos los alumnos, con o sin dificultad específica, con o sin déficit de atención, cada cual con sus virtudes y defectos, potencias y debilidades, aprovechando las herramientas adecuadas para cada alumno.

 

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